 La enfermedad de Alzhiemer tiene un importante impacto familiar, sobretodo cuando el enfermo vive en casa. Es importante asegurarse de que los niños y adolescentes entienden lo que está pasando, especialmente si conviven con él de forma habitual, ya que su grado de afectación emocional por la enfermedad de su abuelo , dependerá en gran medida del tipo de relación que mantengan con él y del grado de proximidad de vivencia que mantengan.
El Alzheimer provoca cambios significativos en la vida de las familias, y afecta tanto a las relaciones que se establecen entre sus miembros, como a sus relaciones sociales. Todos se convierten de alguna manera en cuidador, incluso los más jóvenes; las actividades cotidianas se convierten en difíciles o incluso imposibles de realizar; la estructura económica de la familia se resiente por el coste que lleva aparejado el cuidado del enfermo; los miembros de la familia que asumen las funciones de cuidador principal se ven sometidos a una gran tensión y padecen un fuerte estrés.
Para las familias que viven en esta situación, es importante recibir la máxima ayuda exterior posible a través de los mecanismos y servicios de que dispone la sociedad, pero también , y de forma muy especial, de los amigos y de todas aquellas personas que conforman su círculo social.
¿Cómo Ayudar a la familia con un enfermo de Alzheimer?
Intentar no perder el contacto con los miembros de la familia, aunque sea a través de acciones simples, como una llamada telefónica de vez en cuando o una visita. Son actos que sifnifican mucho para ellos, aunque no se reciba respuesta por su parte.
Tener para con ellos, ocasionalmente, pequeños detalles o atenciones.
Ofrecerles ayuda para proporcionarles tiempo libre y el descanso que necesitan, pero una ayuda específica y concreta, no "general".
Informarse sobre la enfermedad y sobre los cambios de comportamiento que ocasiona en el enfermo, para poder entender la situación a la que se enfrenta la familia.
Proponerles actividades que les ayuden a salir, a relajarse y a descansar, incluyendo al enfermo si es posible.
Aprender a escuchar, porque a menudo los enfermos y los cuidadores lo que necesitan es hablar con alguien, sin interrupciones. No es necesario ofrecerles respuestas, ni tampoco cuestionar o juzgar loq eu explican. Basta con darles soporte y comprensión.
Preocuparse por el cuidador y animarle a cuidar de sí mismo, procurándoles información y ayuda o compañía si es preciso.
Preocuparse de todos los miembros de la familia, incluido el enfermo , ya que agradece las visitas aunque sea incapaz de demostrarlo.
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